Si no quieres chocolate toma dos… ¡no mejor tres! tazas.

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Así me sentí el pasado domingo cuando recibí por correo las papeletas de la próximas elecciónes pretendidamente plebiscitarias— catalanas, mientras leía en el periódico que el partido nacionalista escoces (SNP) especificara en breve las condiciones para un nuevo –segundo– referéndum (ya no será “una vez en la vida” como prometía el encabezamiento del libro blanco por la independencia del gobierno independentista escocés). 

Así que quizás tenga el extraño privilegio de votar tres veces en elecciones que pueden potencialmente acabar fraccionando largas comunidades sociales.

El dominio pasional que aun ejercen ideologías -mas propias de siglos pasados- en personas que por otro lado tienen escaso interés en otros temas complejos politicos, me sugiere que para muchos de nosotros es mas fácil cambiar de opinion que de modo de pensar.

No deseo que se pierda ese mundo amplio donde un antepasado dejo la casa pairal para emigrar a Madrid y su descendiente local caso con una gallega que dio a luz un vasco que encontró una catalana como compañera de su vida.

Claro que seria semánticamente mucho mas sencillo, y también mas apropiado y ajustado a la realidad si sustituyese los calificativos provinciales o regionales por la palabra español/a.

No creo positivo perder una ya antigua sociedad común para, aislando poblaciones, formar naciones con intereses encontrados -como es nuestro caso con Portugal- con limitados horizontes sociales, de poco peso económico y politico y, parasitarias de los ejércitos y de los intereses geopolíticos, de las grandes naciones. 

Parece ser que la gente olvida con facilidad cuanto hacen las naciones-estado para unir a los pueblos que lo componen. Mientras que dentro de los países las migraciones internas superan el  30%; los flujos reconocidos de población internacionales, es decir entre naciones, están históricamente por debajo del 3%. Ademas, los estados de mas de cuarenta millones de habitantes, producen mas de dos tercios del PNB europeo  y contienen mas de dos tercios de la población europea. El tamaño, como bien lo sabe EEUU, Rusia o China, cuenta, y mucho.

El argumento de que existen naciones pequeñas y prosperas solo esta elevando la anécdota a la categoría de regla, y se sujeta muy poco. Dinamarca como Escocia, Holanda o Bélgica, como lo prueba su pasado colonial, son el resultado de fallidos intentos de crear naciones mucho mas extensas y no el fruto de un esfuerzo consciente.

Naturalmente todas ellas, incluidas las pequeñas, como cualquier otro estado, a su vez fraccionadas en comunidades lingüísticas e históricas de mayor antigüedad que el estado que las contiene.

Personalmente, deseo fuertemente que seamos capaces de elaborar un compromiso que, como la vida en general, funcione de manera algo chapucera pero que proporcione beneficios reales en la convivencia. 

Pero me parece que en nuestro caso, por la manera imperativa (y muy poco anglosajona) con que se esta planteado el asunto, no hay apenas margen de maniobra.

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